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¿Un avión de entrenamiento militar hecho en Colombia?

septiembre 14, 2013
avion militar colombiano

De pie, vestido con un overol blanco y frente a un gran alerón que aún está sin terminar, Daniel Eduardo Guevara les echa un vistazo a los esqueletos de aviones que permanecen en el hangar en el que trabaja desde hace dos meses.

A este zipaquireño de 19 años el aliento se le escapa si recuerda las tres ocasiones en las que él y sus compañeros han visto despegar y perderse entre las nubes las siluetas de las tres últimas aeronaves que construyeron con sus propias manos. Luego se recupera para hablar del orgullo que siente al descubrirse como parte de un proyecto que hasta ahora es único en el país.Y no es para menos Sánchez es miembro de una ‘fábrica’ que está produciendo los primeros aviones de entrenamiento militar que se manufacturan en Colombia, y que, por si fuera poco, son elaborados con una técnica ciento por ciento manual.

La base militar más antigua del país, con 89 años de historia, es también la primera en contar con la dotación y la infraestructura para lograr tal hazaña. Se trata del Comando de Mantenimiento que la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) tiene en pleno corazón de Madrid, Cundinamarca, a 45 minutos de Bogotá.

Allí, una mezcla de olor a resina y pintura fresca se apodera del ambiente, mientras se ve a decenas de empleados lijando piezas, demarcando moldes, ensamblando partes… Una rutina de ocho horas diarias que en el último año ha permitido ‘sacar del nido’ a 15 pájaros metálicos, de los 25 que nacerán para finales del 2013 y que ya fueron bautizados como los T-90 Calima.

“T de training (entrenamiento), y 90 por los años que va a cumplir la base, y Calima en honor al pueblo precolombino que se asentó en el Valle del Cauca, pues en la base de Cali se realizan las pruebas de aviación”, explica el coronel Martín Fernando Zorrilla, gerente del proyecto.

Y es que una vez despegan de suelo cundinamarqués, los aviones no se detienen hasta llegar a la ‘sucursal del cielo’.

Así es como entre pilas de fuselajes, planos, estabilizadores, trenes de carreteo, cabinas de mando, hélices y motores, 125 personas trabajan sincronizadamente.

De ese personal, 25 son militares y los cien restantes, civiles, y de estos últimos, un 80 por ciento son jóvenes entre los 19 y los 25 años, todos pasantes operarios de las escuelas aeronáuticas del país que encontraron en este proyecto una primera experiencia laboral.

Paradójicamente, muchos de estos ‘escultores’ de aeronaves jamás han viajado en avión y lo más cercano que habían estado de uno, hasta ahora, era en las ilustraciones y diagramas que usaban en sus clases.

“No hay nada que se compare con la sensación que produce ver el fruto de tantos meses de esfuerzo y dedicación surcando el cielo”, suelta Luz del Mar Rodríguez.

De 24 años, esta joven, oriunda de Pitalito (Huila), dejó a su familia para aventurarse en esta iniciativa. Por eso le resulta tan difícil ocultar la nostalgia que le produce la lejanía.

“A veces uno le cuenta a la gente lo que hace, y no creen. Les parece imposible que una mujer esté metida en un taller haciendo aviones. Los demás, los amigos, la familias, se sienten orgullosos”, añade Luz del Mar mientras relata que, con ella, son cuatro las mujeres que hay en el proyecto.

Su caso es similar al de muchos otros jóvenes que llevan meses separados de sus hogares y a kilómetros de su tierra natal, bien sea porque provienen del Caribe, del Valle, del oriente o del centro del país.

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